Cualquier visitante de Suances, primerizo y madrugador, que aproveche las primeras horas de uno de los muchos, pese al interés del Instituto Nacional de Meteorología por llevarnos la contraria, hermosos y soleados días de verano de Cantabria para pasear por la playa de la Concha de Suances, verá, sorprendido, multitud de barquitos y barcas inmóviles, anclados, en los alrededores de ese peñón que domina las vistas desde la playa y que conocemos como La Isla de los Conejos.
Si, curioso, interroga a algún conocido, natural o residente de la villa, sobre el motivo que guía a tanta embarcación para dedicar esas primeras horas del día, tan gratas cuando se disfrutan en la cama, a perder el tiempo de esa manera, podría recibir , como respuesta, la siguiente: “Pescan rabas”.
No tardará mucho en usar sus conexiones cerebrales para relacionar la respuesta con sus experiencias en los días que lleve entre nosotros y recordará que en las pizarras de muchos, o todos, los bares y restaurantes de Suances a los que haya acudido, habrá visto escrito “ RABAS X EUROS RACION”. Incluso, si es observador, habrá visto servir una de las susodichas raciones y habrá mirado, con ojos golosos, el plato repleto de esas doradas delicias que anuncian como rabas. Pero, sin duda, lo que recordará con más intensidad será el intenso olor a mar fresco que desprendía el plato y el despertar súbito del apetito que le habrá producido. A continuación, su pensamiento se dirigirá hacia el amable natural o residente que respondió a su pregunta y, sin descartar el añadido de algún epíteto grueso, cuyo contenido no vamos a reproducir, pensará :”Este tío me ha tomado el pelo”.
Pues no. Es cierto que nuestro hermoso, querido y respetado mar Cantábrico, por muy pródigo que sea con sus ribereños, aún no ha llegado a ofrecernos sus frutos cocinados,pero para nosotros el estado natural del calamar, que así se llama el afán de tanta embarcación, es en forma de rabas. Fresco, con apenas unas horas fuera de su medio natural, despojado de sus vísceras y piel, troceado en anillas o pequeñas tiras, justamente sazonado con sal, enharinado, y frito en abundante aceite de oliva a alta temperatura, constituye el mejor aperitivo o la ración imprescindible si es que, como tan de moda está, vamos a realizar la comida a base de éstas.
No se puede concebir un día de verano, tras una mañana de sol en la playa, que tan generoso es con sus hijos en éstas tierras que habrá tenido la delicadeza de ocultarse transitoriamente tras alguna nube con el único objetivo de no achicharrarnos, si, sobre la una del mediodía, no ocupamos una de las codiciadas mesas de las terrazas que nos ofrecen nuestros establecimientos y, acompañado del blanco de solera, el fino con que nuestros vecinos del sur nos acercan un trozo de su tierra o una rubia y fría cerveza , degustamos un hermoso y generoso plato de doradas rabas.
Cuando vengan aquí, a Suances, nuestra casa, que también será la suya, copien aquellas cosas que hacemos bien y, una de ellas, sin duda, es “ir de rabas”.
Por último. Una aclaración y dos recomendaciones.
La aclaración: Suele presentarse la ración de rabas acompañada de un trozo de limón. No es un mero adorno, pero puede provocar graves conflictos. Al menos, en mi entorno familiar es así. Unos no conciben las rabas si no están aderezadas por una gotas de limón y otros no soportamos tal adulteración del sabor natural de producto. Así que lo que iba ser una fiesta puede convertirse, por obra y gracia de un pedazo de cítrico, en una causa de disenso, en estos tiempos tan necesitados de consenso. Solución: Distribuir las gotas de limón tan solo en una determinada zona del plato o bien, mas inteligente, pedir dos raciones. Una “con” y una “sin”.
Las recomendaciones:
La primera: En nuestro hotel, el Hotel Azul, al mediodía, tras venir de la playa, en la terraza, bajo la sombrilla protectora, mientras los niños limpian el salitre de la piel en nuestra piscina. Frescas, en su punto, calentitas y generosas.
La segunda: Fuera del hotel el lugar ideal para practicar la sana costumbre de ir de rabas es el Restaurante “La Dársena del Pescador”. Situado en la zona de ribera, cuenta con una amplia terraza, y dos generosas barras, una interior y otra exterior. El producto es de primera calidad. Siempre fresco y tratado con el mimo y cariño que merece. El mismo mimo y cariño con el que el servicio de La Dársena trata a sus clientes.
¡Ah! No lo dejen para última hora, por las mesas de la terraza hay tortas.
