Nuestros clientes acaban de despertar. Han dormido a pierna suelta, con una temperatura nocturna exterior de 19 grados, tras una jornada de sol y playa. Están contentos. El hotel les resulta muy agradable, las playas les parecen magnificas y la villa de Suances les encanta. Saltan de la cama dispuestos a repetir la experiencia del día anterior, sol y playa. Descorren la cortina de la habitación y, ¡OH!, llueve, tras los cristales, llueve y llueve.
Llueve ¿Qué hacemos? Pues nada, hombre. Desespérense. Pónganse melancólicos.
Aprovechen para pensar en las oportunidades perdidas, en el transcurrir inexorable del tiempo, en el amor de juventud perdido. Entre pensamiento y pensamiento miren al cielo. Igual despeja y sale el sol. Vamos a esperar. Las dos ya, y nada. Bueno, comeremos y después una siesta. Con suerte a las cinco ha salido el sol y a la playa. Las cinco y sigue nublado y de vez en cuando chispea. Y así transcurre el día hasta que a la 10,30, frustrados y malhumorados vuelven a la cama.
Pero, hombre, esto es Cantabria, el Norte de España, parte de la Cornisa Verde. Y les juro que, por muchas tonterías que hayan podido hacer las autonomías, aquí nunca hemos tenido unas brigadas que todas las mañanas salgan a repintar los campos y los bosques de verde. Es todo natural. Por eso, porque de vez en cuando, incluso en verano, llueve.
Vamos a tomarnos la libertad de invadir su intimidad para liberarles de esos negros nubarrones que amenazan su ánimo y vamos a sugerirles una opción para convertir este día que amenaza catástrofe en otro día inolvidable de vacaciones:
Son las 08,15. Es prontísimo. Vuelta a la cama, hasta las nueve y media. A recuperar el placer de estar en la cama sin hacer nada .Sobre las 9,30, levantarse, ducharse con calma, arreglarse con calma, sin prisas. El horario de desayuno es hasta las 10,30, pero les voy a contar un secreto: Ningún hotel que se precie les negará el desayuno si se presentan ustedes a las 10,30 en punto. Alguno pensará: ¡vaya horas! Pero no sufran esas cosas van incluidas en el sueldo.
Acabado el desayuno toca subir a la habitación a recoger el chubasquero. ¿Qué aún no lo han comprado? Pero si es una de las prendas de vestir míticas de Cantabria. Cualquier bazar de costa cuenta entre sus existencias con un amplio surtido de chubasqueros para todos los gustos y a precios más que módicos. Pertrechados con el chubasquero nos encaminamos por el paseo de la playa hasta la ribera. Despacito, disfrutando del paisaje
y apreciando muchos de los matices que el sol cegador de otros días apenas nos permite vislumbrar. Llegamos al puerto de Suances Con un poco de suerte podremos ver llegar alguno de los barcos que faenan las cercanías marinas. Es un espectáculo ver bajar del barco la pesca del día, generalmente muy variada en especies y tamaño.
¡Vaya!, ya son las 13 horas. A por el aperitivo, ya saben, con rabas y en La Daserna, y ya que estamos en uno de los mejores restaurantes de Suances y que, con seguridad absoluta, alguno de los pescados que vimos bajar de los barcos en el puerto ya está en las cámaras del restaurante, aprovechamos y degustamos uno de ellos en el magnífico comedor que pone a nuestra disposición.
Acabada la comida, vuelta al hotel. Despacito, para conseguir lo que se llama “bajar la comida” y de paso evaporar una parte del alcohol del gran reserva con el que hemos acompañado la comida.
Tras la siesta, 12 Km., 10 minutos, y Santillana del Mar. La joya en piedra de Cantabria.
Con su colegiata románica del siglo XI, sus casonas y sus palacios. El mejor momento para pasear por la villa es el atardecer. Sin aglomeraciones. Disfrutando cada minuto de ese trozo de historia congelado en el tiempo.
De vuelta al Hotel y con el apetito abierto tras el paseo, por qué no una de las sabrosas mariscadas que ofrece el Hotel Azul. Hay varias y a distintos precios, todas acompañadas de un buen albariño. El remate para una buena jornada.
Y tras la cena, nuestra terraza. Por fin el cielo ha despejado y luce estrellado, la última copa del día bien atendido por el servicio amable del Hotel Azul, como despedida de una jornada distinta, sin sol ni playa.
Por cierto ese cielo estrellado es presagio de un día radiante, así que, al final, este día de hoy solo habrá sido un breve paréntesis de sol y playa. Así es Cantabria, así es Suances, nos ofrecen lo mejor cada día, ya con sol ya con lluvia.
P.D. Si en su cabeza bulle la idea de pasar sus próximas vacaciones en el Norte, más concretamente en Cantabria, más concretamente en Suances, más concretamente en el Hotel Azul, no espere a que AEMET le ofrezca la previsión meteorológica, ya se la adelantamos nosotros, va a hacer BUENO, llueva o brille el sol.
Reserve ya.

